Celibato de Jesús
El concepto teológico de celibato
sacerdotal está basado en la firme creencia de la Iglesia en
el ejemplo del celibato del mismo Cristo.
Algunos han argüido que el celibato
voluntario era desconocido entre los judíos en el tiempo de
Jesús. Así como puede haber sido inusual, no era
raro escuchar de algún caso en particular. Es improbable,
por ejemplo, que Juan Bautista estuviese casado, y evidencia
más reciente indica que al menos algunos miembros de la
comunidad judía de los esenios eran célibes.
Otra prueba indirecta del estado de celibato de
Jesús puede encontrarse en sus propias palabras sobre
aquellos que permanecen solteros. Después de rechazar el
divorcio como algo aceptado por la Ley de Moisés, sus
discípulos dicen que "es mejor no casarse" (Mt 19, 10).
Jesús entonces habla de aquellos incapaces de casarse porque
han nacido así, o han sido hechos así por otros,
y también de aquellos "que han renunciado al matrimonio por
causa del Reino de los Cielos. Quien pueda entender que entienda" (Mt
19, 12).
San Pablo, que escribió a los
corintios: "sed imitadores míos, como yo lo soy de Cristo"
(1 Cor 11, 1), también escribe: "pues a los no casados y a
las viudas les digo que más les vale permanecer como yo. Y
si no pueden guardar continencia, que se casen; mejor es casarse que
abrasarse" (1 Cor 7, 8-9).
Esta llamada al celibato no disminuye la
importancia del matrimonio. El Matrimonio, como el Orden Sacerdotal, es
un sacramento, uno de los siete signos a través de los
cuales la presencia perdurable de Cristo está activa en la
Iglesia. En el matrimonio, la relación espiritual y
física entre esposo y esposa llega a ser un
símbolo sagrado del amor de Cristo por la Iglesia (Ef 5,
25-33).