Comunicando el Evangelio en el Mundo de Hoy
Por el Obispo Gerald F. Kicanas
Con frecuencia pensamos que los asuntos y
problemas que enfrentamos son únicos. Ayuda a ponerlos en
perspectiva preguntarnos si otros en el pasado también han
sido afectados por aquellos problemas.
En el caso de la comunicación del
Evangelio, el
Señor Jesús desde el principio
identificó los problemas que fueron y siempre
constituirán la base del desafío que se presenta
a los comunicadores Cristianos.
La Parábola del Sembrador
Lo hizo en la parábola
del sembrador y en la explicación que encontramos en el
capítulo octavo del Evangelio de San Lucas
(también Mateo 13.1-23 y Marcos 4.1-20). En ella
Jesús cuenta a sus apóstoles de un sembrador cuya
semilla cayó en el camino donde fue pisoteada y los
pájaros se la comieron. Otra
semilla cayó en
tierra pedregosa pero se marchitó por falta de
raíces. Algunas semillas cayeron entre espinos que la
ahogaron. Y algunas cayeron en tierra fértil y produjeron en
abundancia.
Cuando los apóstoles pidieron a
Jesús que explicara esta parábola, él
les dice que la semilla es la Palabra de Dios. Aquellas que caen en el
camino
son las personas de cuyos corazones el demonio ha extraído
la
palabra de modo que no creerán ni serán salvados.
Aquellas que caen en tierra pedregosa son las personas cuya fe es poco
profunda, y
que se disiparán en tiempos difíciles. Aquellas
que caen entre espinos son las personas que permiten que las ansiedades
o las riquezas y
los placeres de la vida ahoguen la palabra de Dios fuera de ellos.
Aquellas que caen en tierra fértil son las personas que
abrazaron el Evangelio
con "un corazón generoso y bueno, y darán fruto
por medio de la perseverancia."
Empezando con su propia predicación,
Jesús
está diciéndonos que hay muchos rivales de la
Palabra de Dios la cual no toda la gente abrazará con
generosidad.
Los Medios de Comunicación Masivos
Aplicando esta parábolas a nuestros
tiempos, una cosa que se debe tener en consideración acerca
de lo cual Jesús no tuvo acceso son los enormes
nuevos poderes con los cuales el mero acto de comunicar ha sido dotado.
Jesús habló a unas pocas miles de personas como
máximo en otros tiempos. Si estuviera presente hoy,
podría hablar a todo el globo.
Como el Papa Juan Pablo II indicó en
esta encíclica de 1990, Redemptoris
Missio, el desarrollo de
los medios de comunicación masivos ha afectado
más que la forma en la cual se comunica la
información. El Papa se refería a la nueva
cultura creada por las comunicaciones modernas la cual se origina no
sólo en cualquier contenido expresado al final, sino en el
solo hecho de que existen nuevas formas de comunicarse, con nuevos
lenguajes, nuevas técnicas y una nueva psicología.
Por tanto nos enfrentamos a una nueva
situación en la comunicación del mensaje del
evangelio que surge de los medios que ahora existen para comunicar
cualquier información e igualmente importante cualquier
desinformación, casi universal y
simultáneamente. Han contribuido a un arraigado sentido en
la gente en cuanto a su derecho a ser informada, lo cual es bueno. Sin
embargo, la mera masa de información disponible hace
difícil revisarla completamente. Dos tentaciones
contradictorias surgen como resultado bien ser escéptico de
toda la información o aceptarla toda sin sentido
crítico. La última tentación puede
encontrarse en juego en la respuesta al Código Da Vinci.
Un Desafío Magnificado
Entonces los desafíos que
Jesús identificó se encuentran magnificados por
los medios de comunicación masivos. Veámoslo una
vez más.
El mal que se opone al bien simplemente porque es
bueno queda como un misterio a la mayoría de la gente, pero
existe. Ha sido claramente evidente en las dictaduras comunistas
alrededor del mundo que han usado los medios de comunicación
para engañar a la gente. Estas tiranías
atropellaron la Palabra de Dios, identificando el Evangelio como un
enemigo particular la cual tuvo que ser exterminado o al menos
controlado. En las noticias diarias, tenemos recordatorios de la
presencia del mal entre nosotros -tanto este mal social como
también el mal personal. Esto priva directamente a la gente
de su humanidad y causa que otros que ven sus resultados pierdan las
esperanzas tanto en Dios como en la raza humana. En esta
situación la esperanza inspirada por el Evangelio se
encuentra en especial necesidad de ser comunicada.
La cantidad de información disponible
hoy es un incentivo añadido para el tiempo favorable
Cristiano cuya fe es superficial que hace probar algo más si
la Cristiandad no ha enviado una satisfacción inmediata o
actúa como un obstáculo positivo a las
preferencias de uno. Si Mateo, Marcos, Lucas, y Juan no son para ti,
prueba el Código
Da Vinci.
Para esta superficialidad en nuestros tiempos, la
Iglesia puede tener que asumir alguna responsabilidad. El Papa Juan
Pablo indica en Redemptoris
Missio que la Iglesia ha descuidado
bastante los medios masivos en un tiempo en el que “en
particular, la generación más joven
está creciendo en un mundo condicionado por”
ellos. Añade que la opinión del Papa Pablo VI que
“la separación entre el Evangelio y la Cultura es
sin duda la tragedia de nuestro tiempo” está
confirmada en el campo de las comunicaciones.
Y por tanto están los espinos que son
tanto las ansiedades como los placeres de la vida diaria. Podemos
quedarnos absorbidos en el aquí y ahora y encontrar poco
tiempo para un mensaje acerca de nuestro destino eterno. Una vez
más los medios de comunicación de masas con
frecuencia han jugado un papel decisivo en el dirigir nuestra
atención solamente a este mundo. Incrementan nuestra
ansiedad con noticias instantáneas de todo el mundo y ayudan
a anestesiarlo con su oferta de entretenimiento y acceso a un cada vez
más atractivo consumo de bienes. Buenos en sí,
estas cosas se vuelven malas si reemplazan el Evangelio en nuestras
vidas.
¿Estos medios ayudan a que la semilla
que ha caído en tierra fértil produzca en
abundancia? Definitivamente lo hacen como está atestiguado
por la
generosa profusión de ayuda para asistir a las
víctimas de los desastres naturales en el mundo cuyas
dificultades o penurias no hubieran sido conocidas tan
vívidamente y rápidamente sin estos medios.
Jesús identificó los
desafíos en la comunicación del Evangelio los
cuales siempre se nos presentarán. La ingenuidad humana ha
inventado medios que pueden ayudar como también interferir
con esta comunicación. Es la tarea de la Iglesia hacer uso
de ellos y ayudar a que siempre sean usados en servicio del bien.