Preguntas y Respuestas

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P. ¿Qué tan fidedigno es el texto del Nuevo Testamento que tenemos hoy en día? ¿Refleja lo que fue originalmente escrito? ¿No introdujeron los copistas muchas variaciones deliberadamente o por error?

R. Es verdad que no tenemos los manuscritos originales escritos de manos de Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Pablo, etc. Sin embargo, las versiones que existen, por su cercanía al original y por la consistencia entre ellas, nos dan suficiente seguridad sobre su autenticidad. 

Además, al tratar de establecer el mejor original de los textos del Nuevo Testamento, los que se conservan en la actualidad pueden ser comparados a las muchas citas que hay de ellos en autores cristianos antiguos y en los libros usados por la Iglesia para la liturgia.

Por otro lado, tampoco tenemos manuscritos originales de la Iliada o la Odisea de Homero, o de las obras de Esquilo, Sófocles, Eurípides, o de los Diálogos de Platón, o de la Guerra de las Galias de Julio César, o de la Eneida de Virgilio, o de las Odas de Horacio, etc. Y nadie duda de que lo que ha sobrevivido representa lo que los autores clásicos escribieron.

Lo que es más, hasta los trabajos más minuciosos y documentados de autores clásicos no pueden compararse con los libros del Nuevo Testamento en el número de textos antiguos encontrados. Y los manuscritos encontrados del Nuevo Testamento son mucho más próximos en tiempo a los originales que los textos que existen de los autores clásicos mencionados arriba.

En otras palabras, ningún texto de la antigüedad está mejor documentado que los libros del Nuevo Testamento.

Sobre los copistas, que pudieron cometer errores, o introducir frases en el texto, eso ciertamente pasó. Los exegetas que se pasan la vida estudiando y comparando los textos del Nuevo Testamento habitualmente son capaces de identificar qué texto se acerca más a reflejar el original y dan evidencia fiable de sus conclusiones.

Lo que es digno de mencionar es que nada de lo esencial de la doctrina del cristianismo depende de algún texto cuestionado.

P. ¿Hay una mujer en La Última Cena de Leonardo?

R. Hagamos las matemáticas. Jesús y 12 apóstoles (todos hombres) = 13 personas. Así es como hay tantas personas en la pintura. Si Leonardo hubiese querido pintar a María Magdalena en el cuadro, tendría que haber pintado 14 personas.

Hagamos historia. La Última Cena fue pintada para decorar un comedor de un grupo de frailes dominicos. Cualquiera de ellos estaba seguramente capacitado –especialmente cuando la pintura estaba reciente– para darse cuenta y preguntar por qué una mujer estaba en la pintura. Pero no hay registro de ninguno pensando que la figura a la derecha de Jesús era otro que San Juan porque San Juan era usualmente retratado como un lampiño y hermoso joven. Esta “hermosura” era la forma en que el artista resaltaba su juventud.

Finalmente, como nos apunta un lector, nada le añade a la credibilidad de los Evangelios que Leonardo haya querido pintar o no a una mujer, pues el cuadro es del siglo XVI, 1500 años después de ocurridos los acontecimientos descritos.

P. Hace unos días salió un reportaje sobre el "Evangelio de Judas". ¿Cuál es la posición de la Iglesia al respecto?

R. La posición oficial se puede ver en algunos de los comunicados que aparecen en la primera sección. Por si sirve, hacemos una contextualización histórica.

Para entender el Evangelio de Judas y el fundamento documental del Código da Vinci hay que remontarse a los grupos gnósticos de los siglos II al IV de la era cristiana. El gnosticismo es un movimiento espiritual, con elementos mágicos y esotéricos que provino del oriente medio, especialmente del actual Irán. Entre sus características estaba el dualismo materia-espíritu y el secretismo propio de un grupo de selectos (los conocedores; de allí viene el nombre: conocimiento=gnosis).

Al tomar contacto el gnosticismo con el cristianismo hubo una especie de fusión ecléctica, es decir, apareció un gnosticismo con algunos elementos cristianos. Estos grupos gnóstico-cristianos florecieron entre los siglos II al IV de la era cristiana y produjeron alguna literatura, entre la que están los llamados evangelios gnósticos. Allí se puede encontrar los evangelios gnósticos de Judas, de Tomás, etc. En realidad solían poner algún nombre de un apóstol para darle mayor importancia, pero por su contenido fácilmente se puede ver que tienen poco que ver con los auténticos apóstoles.