La difusión del libro “El
Código da Vinci”, de Dan Brown, y de la
película basada en la novela, ha suscitado en muchas
personas perplejidades, dudas y confusión con respecto a
algunas verdades fundamentales de la fe cristiana referentes a
Jesucristo y a la Iglesia.
La Conferencia Nacional de Obispos del Brasil,
consciente de su responsabilidad en relación con la defensa
de la verdadera fe de la Iglesia sale a la opinión
pública para hacer algunos esclarecimientos.
No debemos olvidar que la obra en
cuestión es de ficción y que no retrata la
historia de Jesús ni la de la Iglesia. No se pueden atribuir
verdad a las afirmaciones claras o veladas del autor. Lo que es
fantasía debe ser leído y entendido como
fantasía. Las únicas fuentes dignas de fe sobre
la vida de Jesús y del inicio de la Iglesia son los textos
del Nuevo Testamento, de la Biblia. La Historia de la Iglesia
después de los Apóstoles está
retratada en obras de carácter histórico, cuyas
afirmaciones son respaldadas por el rigor del método
histórico.
Alertamos, pues la obra, aún siendo
de género fantasiosos, presenta una imagen profundamente
distorsionada de Jesucristo, que está en contraste con las
investigaciones y afirmaciones de estudiosos de diversas
áreas de las ciencias humanas, de la teología y
de estudios bíblicos, a lo largo de dos mil años
de historia del cristianismo.
Es lamentable que la obra, con ropaje pseudo
científico, se ponga a versar de manera ligera e
irrespetuosa sobre convicciones tan sagradas para los cristianos.
Muchos cristianos se sienten heridos en su fe y en convicciones que les
son profundamente sentidas. Otras personas son inducidas a dudar sobre
verdades de fe predicadas por la Iglesia desde su origen, y
transmitidas de generación en generación, con
celosa fidelidad a la doctrina de los Apóstoles.
Aún otras son llevadas, inclusive, a levantar sospechas
sobre la honestidad de la Iglesia en sus afirmaciones de fe sobre
Jesucristo, su divino fundador.
Dicho esto, afirmamos con toda
convicción que la Iglesia, de ninguna forma, oculta en el
pasado o en el presente alguna verdad sobre Jesucristo o sobre el
origen de la misma. La Iglesia no puede dejar de afirmar el sagrado
patrimonio de las verdades con respecto a Jesucristo y sobre
sí misma, que ha recibido de los Apóstoles.
Invitamos a todos a leer el Evangelio y los
demás textos del Nuevo Testamento de la Biblia, para
encontrar ahí la imagen de Jesucristo, así como
es anunciada por la predicación de la Iglesia desde sus
orígenes. Por otro lado, la lectura de algún buen
libro de historia de la Iglesia –¡existen
muchos!– podrá ayudar a conocer la verdad
histórica sobre la Iglesia, que no está oculta ni
sustraída al conocimiento de quien quiere saber.